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Ordesa con Sebastián Álvaro

By on 19 Octubre, 2016

Del 10 al 13 de noviembre tenemos una salida muy especial para espíritus aventureros. Guiados por Sebastián Álvaro, el que fuera director del mítico programa de TVE Al filo de lo imposible, os proponemos cuatro días de senderismo por los Pirineos con el broche final de la ascensión a Monte Perdido. El propio Sebas Álvaro nos explica por qué ha elegido este itinerario (tienes toda la info y el formulario de inscripción en nuestra web):

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Hay pocos paisajes más conmovedores en España que el Pirineo aragonés. No es de extrañar que fuera elegido, hace ahora 100 años, para configurar uno de los primeros parques nacionales de nuestro país, el de Ordesa y Monte Perdido. Uno de los más impresionantes sobre la tierra. Mucho antes, los Pirineos ya eran conocidos por los naturalistas y los turistas que iban buscando en su aire puro, en sus senderos y en sus aguas termales, beneficios saludables para su cuerpo y su espíritu. Muchos románticos siguieron su camino en el siglo XIX en pos de las bellezas escondidas, como el monte “perdido”, buscando ese paisaje atrayente de la desolación y aquellas cumbres invernales que se levantaban como “catedrales celestes”. De todo ello dejaron relatos, poesías, cuadros, en definitiva, una abundante producción cultural que ha dado al pirineismo calidad elevada y rasgos propios sobresalientes.

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No hay pues muchos lugares como este para vivir la aventura: caminar, descender un río o ascender montañas mientras se da rienda suelta a la imaginación o se convoca a los antiguos románticos en un balneario, en una pensión o bajo las estrellas. Aquí sientes formar parte de la naturaleza, que casi siempre nos emociona y nos intimida. De aquellos tiempos -como decía en el poema de lord Tennyson– “aunque mucho se ha ido, aún queda mucho”, afortunadamente.

Hemos conservado buena parte de estos lugares que vieron aquellos primeros audaces que se atrevieron a caminar por los valles agrestes y las montañas. Son valles y montañas humanizados por campesinos y pastores durante siglos y que sin embargo, todavía hoy, parecen hechos a imagen y semejanza de gigantes. Algo que se siente a los pies de las formas gigantescas de conglomerado de los Mallos de Riglos, uno de los paisajes más extraordinarios y exclusivos de cuantos existen en el mundo. En lugares así, como escribieron aquellos pioneros, es donde “las cosas verdaderamente sublimes las sentimos”. Y por eso, “tras haber vivido en las montañas, volvemos siempre a ellas”

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Riglos, Ordesa, Añisclo, Pineta, todo el Pirineo oscense en general, conforman uno de esos pocos lugares que dan vida a la verdadera tierra de aventura, esos paisajes que nos evocan los de antes y después del hombre. Poder estar solo ya es una auténtica rareza; rodearse de soledad y belleza, un auténtico lujo. En buena medida lo son estas montañas que han conservado los rasgos y la identidad de aquellos otros tiempos, donde es posible saborear tanto el gusto por la aventura como la belleza de los espacios naturales y los humanizados, que tampoco han perdido su carácter entrañable y acogedor. No es de extrañar que estas montañas también abrigasen pequeñas ermitas y monasterios, como los de San Juan de la Peña. Aquí los seres humanos, al abrigo del viento y el ruido de las ciudades, buscaron la soledad y la belleza, el conocimiento de nosotros mismos, esa búsqueda interior que nos da la medida de nuestras fuerzas y nos enseña nuestra vulnerabilidad.

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Monjes antaño y ahora excursionistas o montañeros buscan en estos paisajes su lado más aventurero; pues es esa búsqueda la que preserva nuestra humanidad: la capacidad de imaginar nuestros sueños y hacerlos realidad. En una palabra: la aventura.

Como terminaba el libro del conde Henry Russell en 1878: “Hay algo de celeste en la belleza de los Pirineos: allí se vuelve uno soñador”.

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