Asia

Historia de una escuelita en India

By on 28 Marzo, 2017

Viajar es mucho más que coleccionar sellos en el pasaporte o selfies delante de monumentos. Viajar es aprender, conocer, descubrir. Viajar significa mirar al otro, aceptarlo con sus diferencias y sobre todo, aceptar que el mundo es un lugar mucho más diverso y fascinante de lo que nos han enseñado. E implica también que como viajeros tenemos la obligación de contribuir a mejorarlo. Esa es al menos la filosofía con la que intentamos trabajar en El País Viajes. Que nuestras aventuras sirvan para algo más que para ampliar un álbum de fotos. Y tuvimos una maravillosa oportunidad de comprobarlo en nuestro reciente viaje a India.

En diciembre de 2016 un grupo de 28 viajeros recorrió el norte de India acompañados por nuestro periodista especializado, Paco Nadal. Fue un viaje intenso, lleno de emociones y descubrimientos para todos. Un día el autobús se detuvo delante de una pequeña escuelita rural, perdida en medio de campos de labor. En nuestro civilizado mundo a nadie se le habría ocurrido que nos dejarían entrar así, sin más, interrumpiendo las clases. Pero aquello era la India, y los profesores nos invitaron a pasar con una inmensa sonrisa. La algarabía de los niños nos hizo ver que ellos también -como todos los niños de todas las escuelas del mundo – se alegraban de cualquier novedad que rompiera la monotonía del programa diario.

Su manera de recibirnos, sus sonrisas y su alegría de vivir fue uno de los momentos más emotivos del viaje para todos.

En aquella pequeña escuelita rural india no había de nada: no había sillas ni pupitres, tampoco había gimnasio ni piscina climatizada ni sala de ordenadores ni pizarra digital. Solo niños felices, gritones y saltarines que se sentaban en el suelo, sin apenas material escolar. Y profesores abnegados, con un suelo mísero, que pese a las adversidades luchaban por instruir a las nuevas generaciones para procurarles un futuro mejor.

Fue una visita impactante. Apenas estuvimos allí media hora, pero fueron 30 minutos que golpearon en el corazón de todos. El esfuerzo por aprender y progresar en una sociedad carente de casi todo contrastaba de manera feroz con la abundancia a la que estábamos acostumbrados en nuestro mundo.

Así que una vez de vuelta en España, aquella escuelita siguió en la mente de casi todos. Hasta que una de las viajeras decidió que no bastaba con haber estado allí. Había que hacer algo. Y propuso a los demás una colecta para enviarles material escolar.

La idea fue tan bien recibida que pronto el grupo se puso manos a la obra. Estaba decidido: mandaríamos lápices, bolígrafos, cuadernos y lo que hiciera falta a aquella escuelita.

Pero, y aquí empiezan los problemas: ¿dónde diablos estaba? No teníamos la dirección ni ninguna referencia. La vimos en mitad del campo, al borde de una carretera, a kilómetros y kilómetros de la ciudad más cercana que recordábamos.

Lo primero que hicimos fue ponernos en contacto con Krishna, el guía local que nos acompañaba. Pero él tampoco sabía donde quedaba ni cómo se llamaba. Paramos allí de forma casual, no estaba en nuestro programa de viaje.

Alguien tuvo entonces una idea: muchos habíamos hecho fotos con nuestros smartphone, lo más normal es que tuvieran la geolocalización activada.

¿Podríamos localizarla así?

Y de esta manera llegó la primera pista. La escuelita estaba cerca de una aldea llamada Ajnoti:

Y además en una de las fotos aparecía un cartel en la entrada que debía ser el nombre:

 

Siguiente paso: otro de los viajeros localizó una base de datos de escuelas del Rajastán. Pero desconocíamos su fiabilidad y además aparecían 6 escuelas en Ajnoti – Sawai Madhopur. Y ninguna parecía coincidir por número de clases, profesores, etc… con la que nosotros habíamos estado.

Se le mandaron estos nuevos datos a Krishna y por fin nos devolvió una dirección: Senior Higher Secondary School, Ajnoty – Ajnoti Village-Sawai Madhopur District-Rajasthan. INDIA

¡La teníamos!

 

Siguiente investigación: la oficina de Correos más cercana; esto fue fácil gracias a san Internet.

Segunda cuestión, ¿cómo mandarlo?

Preguntamos en Correos y no dieron una tarifa especial de 120 euros si el envío no superaba los 20 kilos. Por encima de eso, el precio del transporte se disparaba. Bien, pues serían 20 kilos de material escolar.

Así que se empezó la colecta, y cual fue nuestra sorpresa cuando se unieron muchas más personas, incluso amigos que no había ido al viaje pero que estaban encantados de colaborar.

Al final se recogieron 1.700 euros, que dieron para comprar:

200 rotuladores, 600 lápices, 180 gomas de borrar, 200 ceras de 6 unidades, 600 bolígrafos BIC, 100 sacapuntas, 3 tijeras, 50 estuches de reglas, un globo terráqueo, 200 lápices de colores y 16 rollos de celo. Amén de algunos mapas, globos y otros materiales.

Se embaló todo en dos cajas y, como escribió una de las viajeras….:

“El viernes 30 de diciembre salió un cargamento de 50 kilos con material escolar como agradecimiento para aquellos que nos dieron lo único que tenían: “SU CARIÑO”.

 

Al cabo de unas semanas, nos llegó una carta de agradecimiento escrita por las profesoras y estas fotos:

Fue el final feliz de una visita muy especial a una escuelita india.

La demostración de que el mundo está lleno de buena gente. Como esos viajeros de nuestro programa a la India.

Gracias Amparo, Pablo, Carmen, Ana, María Jesús, Francisco, Cruz, Carmen, Ana, Tomás, Marisa, Susana, Paco, Dori, Cuqui, Lorenzo y Ana… ¡sois maravillosos!

TAG
POST RELACIONADOS

DEJA UN COMENTARIO