África Viajes con lectores

Mitos y leyendas de un viaje a Senegal con Campamentos Solidarios

By on 9 enero, 2018

Acabamos de volver de Casamance, en Senegal, donde un grupo de aventureros de El País Viajes y B the travel brand visitaron los poblados que la ONG Campamentos Solidarios mantiene allí para mejorar las condiciones de vida de la población local mediante el turismo responsable. Ésta es la crónica de ese viaje narrada por Álvaro Planchuelo, nuestro prescriptor y cofundador de Campamentos Solidarios:

“Aunque en buena parte del África rural es más fácil encontrar gente usando smartphones conectados a internet que poblados dotados de electricidad y agua, todavía quedan zonas que están más cerca del África del “Doctor Livingstone, supongo” del siglo XIX que del Me gusta” del Facebook del XXI. Unos de estos casos es el trayecto por carretera entre Dakar y Ziguinchor, la capital de la región de Casamance. Esta región es la zona de Senegal que queda al sur del pequeño país denominado Gambia. Ese país llamado Gambia ocupa una franja larga y estrecha a ambos lados del río homónimo, incrustada en mitad del Senegal, rompiendo así el país en dos partes de difícil comunicación entre ellas. Es decir, para llegar a Casamance por carretera desde Dakar no queda otra que cruzar por algún sitio este río tropical africano, que en muchas zonas sólo tiene unos pocos cientos de metros de anchura.

Las posibilidades son varias, y a día de hoy, todas bastante inciertas. La más frecuente es la que une las ciudades de Kaolack, al norte del río y Bignona, ya en Casamance. El paso se realiza mediante un transbordador de plataforma entre las localidades de Farafeni y Soma en el que caben unos 15 o 20 vehículos, muchos de ellos camiones de gran tonelaje, por los que las colas que se forman en los accesos pueden durar incluso varios días. Normalmente los guías turísticos locales consiguen reducir el tiempo de espera, que se estima en una media de 4 a 5 horas para cruzar los 30 kilómetros aproximados que transcurren por Gambia y entrar de nuevo en Senegal.

Durante el pasado circuito de El País Viajes, organizado por B the travel brand y la ONG Campamentos Solidarios, nos ocurrió lo que no debía ocurrir, pero que por otra parte es bastante frecuente en los viajes por el interior de África. El transbordador en Farafeni estaba averiado y por lo tanto era imposible cruzar el río Gambia con el autobús. Ya empezaba la tarde y la única alternativa era viajar durante dos horas hacia el este, en paralelo al río, hasta la ciudad de Georgetown, en donde nos prometían que había otro transbordador en funcionamiento para cruzar el río y volver a recorrer el mismo trayecto por el otro margen para llegar al punto en donde estábamos al principio, pero al otro lado del río Gambia.

Un periplo de más de cuatro horas que hacía muy difícil llegar a tiempo con la frontera senegalesa abierta. Al no tener otra alternativa nos decidimos por intentarlo y como también suele ocurrir en África las cuatro horas previstas se convirtieron en casi seis, debido principalmente a la infinidad de controles policiales y militares que tuvimos que atravesar, resueltos por otra parte con genial maestría por nuestro guía senegalés, Tafa Ndaw, y por el policía secreto gambiano y buen amigo de Tafa que subió al autobús para realizar el recorrido con nosotros.

Como era de esperar la frontera senegalesa estaba cerrada y tuvimos que elegir entre dormir en unos cuartos insalubres que nos ofrecieron en el poblado o realizar vivac improvisado. Optamos por la segunda opción, aun sabiendo que para muchas de las personas del grupo era prácticamente su primera noche en el África subsahariana y les tocaba dormir agrupados, al aire libre e incomunicados en una frontera perdida africana. Entre todos hicimos de la necesidad virtud, nos hicimos con agua mineral y unos plátanos, elegimos un cobertizo de madera y paja cerca de la carretera, junto a los vacíos edificios de la policía senegalesa, cubrimos el suelo de mantas que llevábamos de ayuda humanitaria, rodeamos el cobertizo de bolsas del equipaje y nos dispusimos a dormir mirándonos con incredulidad y haciendo caso omiso de las jaurías de perros que aullaban por la noche a la luz de la luna llena.

Buen bautismo africano para el grupo, que respondió a la perfección y que pudo comprobar que estos trayectos sufridos por África tienen su compensación al final del camino. Casamance se nos presentó como una región espléndida. Especialmente en el Reino de Bandial, donde sus bosques gigantes repletos de ceibas, tamarindos y flamboyanes, intercalados entre extensos arrozales rodeados de palmeras y con el agua siempre presente en el paisaje, conforman un territorio espectacular para el viajero. A esto hay que añadir la fantástica arquitectura en barro que practican los diolá, una de las mejores de África, con casas enormes cuadrangulares y amplios porches o redondas tipo impluvium, con cubiertas hacia el interior para recoger el agua en la época de lluvias. Estas casas familiares que forman los poblados se esconden de manera desperdigada entre los árboles y entre las pequeñas lagunas de agua de lluvia repletas de nenúfares que forman el suelo, creando un bosque mágico donde todos los elementos naturales tienen un significado animista y en donde muchos animales como pájaros tropicales, gansos, patos, gallinas, cerdos, cabras o burros viven en auténtica libertad. Un extraño y pequeño paraíso en la tierra africana, siempre enigmática e imprevisible.

La vuelta hacia el norte nos despertó de la magia de Casamance y tuvimos que afrontar de nuevo el fatídico cruce del río Gambia. Ei transbordador público seguía averiado, pero esta vez, al borde ya de la desesperación del grupo, la diosa Fortuna se nos apareció y encontramos otro transbordador manejado por las empresas españolas que han empezado a construir un puente allí. Amablemente nos permitieron subir a bordo y con algo de orgullo patriótico por nuestra parte pudimos acceder a la otra orilla de manera privilegiada. Vaya en estas líneas nuestro enorme agradecimiento por su ayuda y comprensión. El puente que construyen es un puente de los de verdad. Con enormes pilares de hormigón en medio del agua, traza de altura, moderno y atrevido. Una solución definitiva para el futuro que dentro de un año estará en funcionamiento, o al menos eso se pretende. Desde ese momento cruzar el Gambia será algo más fácil y las aventuras y desventuras que padecimos los sufridos viajeros del siglo XX y principios del XXI en el acceso a Casamance por la ruta de Gambia pasarán a formar parte de los legendarios mitos y leyendas de la aventura africana”.

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