Asia India

La luna llena en el Taj Mahal

By on 24 enero, 2018

¿India? ¿Otra vez? Sí, hemos vuelto al subcontinente de Gandhi, Rabindranath Tagore, Kipling, el exiliado Dalái Lama o Arundathi Roi… ese país enorme que contiene a varios países en su vientre con más de 20 lenguas oficiales y cientos de dialectos, de geografía y etnias variadas. La “caja de Pandora de Oriente”, en palabras de Dominique Lapierre. Desde El País Viajes y B the travel brand organizamos una nueva expedición guiada por nuestro mayor experto en India, el fotógrafo Ángel López Soto. Esta es la crónica de ese viaje que nos llevó a disfrutar del Taj Mahal bajo la luna llena (o casi):

“Regreso con un nuevo grupo de viajeros, la mayoría no ha estado nunca en India y están deseosos de vivir experiencias y descubrir porque este país sigue fascinando tanto a quienes lo conocen o a quienes aún no lo han pisado.

Nuestro itinerario comienza en Delhi y, como era de esperar, nos dirigimos a Raj Ghat, un monumento dedicado a la memoria del padre de la India moderna, el gran Mahatma Gandhi, a quien rendimos nuestro particular homenaje. A continuación, a pocos pasos de allí, está el National Gandhi Museum, donde contemplamos aspectos de la vida de Gandhi. Hay amplia documentación fotográfica, maquetas y documentos históricos.

Pero dejémonos de tanta historia y vamos a tomarle el pulso a la calle, un lugar que puede resultar sorprendente o inquietante para quien no haya pisado con anterioridad escenarios de este tipo. Nada mejor que un paseo en rickshaw por Chadni Chowk, después de una visita rápida al Fuerte Rojo, con su tráfico de coches, rickshaws, bicicletas, gente empujando carros de venta ambulante y gente y más gente por todos lados. Todo esto sin olvidar las mascarillas que sirven de parapeto a la tremenda contaminación de Delhi (dos semanas antes había superado en ¡27 veces! el máximo tolerable). Menos mal que solo estaremos dos escasos días en la city.

Seguimos caminando hacia la mezquita Jama Masjid, construida en 1656 por el emperador Shah Jahan, con tres imponentes cúpulas de mármol blanco y negro, el monumento islámico más antiguo de Delhi; luego al templo jainista Shri Digambar Jain Lal Mandir. Y por la tarde paseamos por Qutub Minar, el alminar de ladrillos y mármol blanco más alto del mundo. ¿Nos hemos olvidado de la tumba de Humayun? Por supuesto que no. Y para ello nada mejor que acercarse después de haber leído el libro de Luis Mazarrasa Mowinckel, Humayun, emperador de la India. Así no llegamos de pardillos ignorantes.

Pero, huyamos de la contaminación de Delhi… la carretera nos lleva a Agra que no sólo es el Taj Mahal, el cual es de obligada visita. Of course! Vamos a tener la exclusiva oportunidad de verlo de noche -noche de luna llena-, además de día y lleno hasta los topes de visitantes, la mayoría turistas indios que desde hace unos años se desplazan masivamente por el país debido al crecimiento económico, los desplazamientos low cost y la sed de conocimiento del planeta que tenemos todos los seres humanos.

¡Qué emoción, estar en el grupo de 40 privilegiados que visitarán el Taj Mahal durante la noche de luna llena! Después de interminables y exhaustivos controles de seguridad por fin entramos en uno de los monumentos más visitados del mundo. ¡Lástima que está nublada la noche! De todas maneras no deja de ser una experiencia única.

Pero India, la tierra de los contrastes, no es solo monumentos. Hay realidades terribles que coexisten con lo sublime. Sheroes Hangout Café es un restaurante que nos enseña el tesón y la fortaleza espiritual de un puñado de mujeres, víctimas de ataques con ácido, que han creado una cooperativa y lo regentan. Una oportunidad para salir de su situación de marginalidad a la que estaban condenadas antes de iniciar este emprendimiento. Comemos y charlamos con Geeta, Rupa, Madhu y Sonia, algunas de las siete chicas que están ese día en el restaurante, que llevan con cariño y alegría. Muchas charlas, selfies y abrazos con esta mujeres excepcionales antes de despedirnos para continuar nuestro periplo.

Y de ahí a la ciudad abandonada de Fathepur Sikri de camino a Jaipur, un bello exponente de una ciudad amurallada mogol.

Ya en la ciudad rosa paseamos por el palacio de los Vientos, entramos a lomo de elefante al fuerte de Amber… El palacio Rambagh -ahora un lujoso hotel de la cadena Taj-, antigua residencia del maharajá Sawai Man Singh II, nos recibirá a tomar un exquisito té -indio o continental- con copiosas delicias servidas en bandejas de plata.

El palacio de la Ciudad -que alberga ahora la residencia real y un museo con una fina colección de textiles y trajes, manuscritos y pintura- es otro de nuestros destinos. India, la tierra de los contrastes.

Los 426 km que nos separan de Udaipur -8 horas de carretera- los interrumpimos con una parada en  Chittorgarh, a 110 kilómetros al norte de la ciudad blanca de Udaipur, que alberga los restos de la fortaleza más grande de Rajasthán.

Durante el viaje leo a mis compañeros algunos pasajes de Pasión india, el libro de Javier Moro -amigo y compañero de infinitos viajes a India y con quien he publicado decenas de reportajes, entre ellos algunos que tienen lugar en estos escenarios que visitamos-, libro en el que se narran historias verídicas de la extravagancia y las excentricidades de los todopoderosos maharajás que reinaron en estos parajes en los que aún se pueden ver los remanentes de semejante opulencia.

Udaipur, la `Venecia de oriente´ nos espera para sorprendernos. Recorremos el palacio de la Ciudad (el mayor de todo el Rajastán) y damos un paseo en barco por el lago Pichola, donde podemos admirar el incomparable Jagmandir. Una ciudad donde la tensión y ruidos de toda ciudad india no tienen cabida.

Y así se acaba otro capítulo viajero, con ganas de más. Ganas de quedarse… o de volver. Aunque de momento regresamos a Delhi a respirar otro poco de aire contaminado antes de coger el vuelo a casa.

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